Aunque por su denominación podría parecer que nos encontramos ante la simple y lógica evolución de la gama SLR intermedia de la marca, la D80 supone en realidad un interesante paso adelante respecto a modelos anteriores, tanto en el aspecto técnico como en el diseño. Todo ello, eso sí, sin estridencias ni novedades revolucionarias.
:: DETALLES QUE IMPORTAN
La D80 no suscita grandes titulares a primer golpe de vista, pero basta colocarla junto a una Nikon D70s para darse cuenta de que la ergonomía y el cuerpo han sufrido una ligera -aunque importante- metamorfosis. Lo suficiente para que la D80 recuerde más a la D200 que a su propia predecesora.
Entre las manos, se presenta algo más pequeña que la D70s. Un detalle que, aunque pudiera parecer mínimo, los usuarios de los modelos anteriores notarán en la altura de la empuñadura. Claro que, si se queda corta, siempre existe la posibilidad de añadir el soporte vertical, que Nikon ha decidido -por fin- ofrecer de forma opcional con este modelo.
Los rasgos generales se han suavizado un poco, y las aristas más puntiagudas ceden espacio a unas líneas más curvas. En la empuñadura, por ejemplo, este pequeño cambio facilita el manejo de la rueda frontal.
Y es que, además de las evidentes reformas realizadas en su interior, son los pequeños detalles los que marcan la diferencia. Otro aspecto muy interesante es el botón de función personalizable situado en el frontal de la cámara, junto a la montura de la óptica. Basta con presionarlo para acceder a la herramienta que el usuario haya configurado previamente.
:: PANTALLA RENOVADA
Si la incorporación de estas ligeras modificaciones adquiere cierta relevancia al compararla con diseños anteriores, algo parecido ocurre con la nueva pantalla -de 2,5 pulgadas y 230.000 píxeles- que la D80 acoge en su parte trasera.
Para dejar más espacio en esta misma zona y marcar claramente las diferencias entre un modelo de gama no profesional y la D200 -pese a que ambas equipan sensores casi idénticos-, la nueva SLR elimina la inmensa ranura para tarjetas CompactFlash que se había empleado hasta ahora. En su lugar, una pequeña trampilla lateral da acceso a un compartimento compatible con tarjetas del estándar SD Card.
Volviendo al monitor, además de insistir una vez más en la feliz idea que supone acompañar la cámara de un protector de plástico, a simple vista queda claro que el salto es considerable. Incluso más allá de lo meramente estético, la navegación por los menús y -sobre todo- la revisión de las imágenes han mejorado considerablemente.
En este sentido, entre las novedades que hemos podido constatar cabe destacar el histograma por canales RGB o el sistema para ampliar una zona de la imagen que se está visualizando, mucho más práctico que lo visto en la D70s. Sólo el dial trasero, con cuatro posiciones en cruz, resulta algo pequeño si se quiere manejar deprisa. En algunos menús, no obstante, es posible utilizar en su lugar las ruedas de control.
Completan los halagos al sistema de visualización el visor réflex, que es notablemente más grande que el empleado en los modelos anteriores.
:: A POR LOS 10 MEGAPIXELES
Como no podía ser de otro modo, la D80 se encarga de ejercer en nombre de Nikon ese salto que muchas réflex de gama no profesional han dado a los 10 megapíxeles en los últimos meses.
Un movimiento que conlleva la paradójica circunstancia de que la D80 incorpore el mismo CCD -o tal vez uno ligeramente mejorado- que su hermana mayor, la D200. Ésta, sin embargo, se encarga de marcar las distancias en la construcción del cuerpo o en la velocidad de disparo, por ejemplo.
En este campo, la D80 se conforma con una cadencia de 3 fotogramas por segundo y luce una ráfaga considerable de hasta 23 imágenes en JPEG y de 6 en formato NEF, el RAW de Nikon. El sonido de la obturación es bastante similar al de la D70, aunque tal vez resulte algo más contundente y limpio.
Volviendo al sensor, idéntico o no al de la D200 (atendiendo a este dato, la Sony A100 o la Pentax K10D también guardarían cierta similitud), mantiene el formato DX, al que Nikon siempre se ha mantenido fiel. Además, ejecuta una doble maniobra que no sólo se atreve con la resolución, sino que también se amplia la sensibilidad en dos valores forzados que alcanzan los 3200 ISO.
A la vista de los primeros resultados, y comparándolos con muestras similares obtenidas con una D70s, queda claro que el nuevo sensor ofrece un rendimiento lógicamente superior al de 6 megapíxeles empleado hasta ahora, tanto en resolución como en los niveles de ruido mostrados.
Aunque hará falta un análisis más detallado, a primera vista nos hemos encontrado con una exposición mejor ajustada y un rendimiento optimizado del balance de blancos automático, al menos con luz natural. También el detalle de la imagen e incluso la nitidez parecen haber salido claramente beneficiados con el cambio.
Respecto al ruido, la D80 se defiende sin ningún problema hasta 800 ISO, mostrándose superior a su predecesora a partir de 400 ISO. El ruido, no obstante, se hace más evidente a 1600 ISO, sobre todo cuando la luz escasea.
Sin embargo, si las condiciones luminosas no son muy malas, las imágenes obtenidas con este valor son perfectamente aprovechables, incluso sin recurrir al sistema de reducción de ruido con los tres niveles que ofrece la cámara.
Sin duda, será interesante comprobar cómo se comporta la D80 en relación a sus más directas competidoras.
:: 18-135 MM
En su presentación, la D80 estuvo acompañada por un nuevo y polivalente 18-135 mm f3.5-5.6 DX. Precisamente ha sido esta óptica la elegida para realizar nuestro primer acercamiento a la cámara y obtener las primeras muestras.
Si era posible establecer una relación entre la D80 y su hermana mayor, la D200, tal vez también se pueda hacer una comparación similar entre este 18-135 mm y el también nikonista 18-200 mm VR.
Pese a que el rango de focales hacen del nuevo objetivo una interesante pieza para acompañar a la D80, dotarlo de estabilización VR hubiera servido para compensar una luminosidad un poco ajustada (y también para elevar su precio, es cierto).
Si bien es pronto para valorar su rendimiento óptico, llama la atención su aspecto robusto -no es una pieza de gama profesional, recordemos- y la buena ergonomía de los anillos de enfoque y de zoom.
:: A MEDIO CAMINO
Tal y como sugeríamos al principio, la D80 planta cara en el cada vez más disputado segmento de aquellos modelos que, con un precio seductor para el aficionado avanzado, traza un camino hacia las prestaciones y el rendimiento de las máquinas de gama profesional.
No obstante, la D80 también incorpora novedades concebidas para los fotógrafos aficionados acostumbrados a los modelos compactos. Así, además de las ya clásicas escenas presentes en la gran mayoría de réflex de este segmento, la nueva SLR de Nikon incluye algunas sencillas herramientas de edición.
Tal es el caso de los filtros -además del típico blanco y negro, también se incluyen un efecto "skyligtht" y otro cálido- o de la interesante opción que permite modificar el balance de color, otorgando a la fotografía la dominante deseada.
En este mismo menú también es posible realizar una mejora automática de los niveles de la imagen (D-Lighting) o efectuar recortes de zonas concretas.
Opciones para todos los públicos que, equilibradamente combinadas con las funciones que hemos ido desgranando, hacen de la D80 no sólo una buena sucesora, sino un previsible éxito -con el permiso del resto de candidatas- de esta Photokina 2006 que está a punto de empezar.
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