Profesional multidisciplinar, José Latova ha alternado la fotografía de patrimonio y los trabajos de arquitectura e interiorismo con otros encargos más puntuales a lo largo de su amplia carrera. Veterano de la imagen digital, se confiesa impactado por la primera Olympus OM1 que se cruzó en su camino. Años más tarde adoptó la E-1 como una de sus herramientas de trabajo, y ahora está dispuesto a hacer lo propio con la E-3. Las ópticas, la resistencia del cuerpo y la limpieza del sensor son, para él, motivos más que suficientes.
¿Has permanecido siempre fiel a una misma marca?
He usado todo lo que he necesitado en cada momento y para cada trabajo. Cuando hay que usar una placa de 13 x 18, se utiliza, lo mismo que el medio formato o ahora las cámaras digitales. Hay determinadas imágenes que sólo se pueden resolver con determinados formatos u ópticas.
He trabajado con Sinar, con Hasselblad… y en 35 milímetros empezamos con Minolta y luego con Leica R. Después nos pasamos a Canon, y fue ahí cuando volvimos a descubrir Olympus.
¿Ya habías trabajado con cámaras de la marca?
Siempre cuento la misma anécdota sobre la primera Olympus que vi. Fue una OM1 en plena batalla en los Altos del Golán. Llegó un francés con una cámara pequeña colgada del cuello y todos quedamos impactados por lo bien que se veía, lo poco que pesaba y el poco ruido que hacía.
Aquel modelo se me quedó grabado. Cuando empezamos a trabajar con soportes digitales -escaneando originales hace más de 20 años, cuando nadie hablaba de fotografía digital- pasamos por varias marcas y modelos y estuvimos un tiempo con el formato completo que ofrecía la 1Ds de Canon.
Después cayó la E-1 en mis manos. Me pareció una cámara estupenda que nos resolvió miles de problemas.
¿Y qué tenía aquella cámara (o ahora la E-3) que otros modelos no tengan?
He probado muchas cámaras y lo sigo haciendo. Otras marcas me dan unos problemas que Olympus me resuelve.
La cámara es una herramienta que tiene que facilitarnos el trabajo. Y las réflex de Olympus, desde la E-1 hasta esta E-3, me solucionan una gran parte de mis tareas. Seguiré haciendo lo que he hecho siempre: seleccionar el equipo dependiendo del trabajo que tenga que hacer en cada momento.
El tema de la suciedad del sensor es un buen ejemplo. No soportaría tener que perder el 40% del tiempo de posproducción limpiando las imágenes y retocando manchas. Este sistema me permite trabajar directamente y acortar tiempos. Y es que con el salto a digital hemos ganado muchas cosas, pero laboralmente hemos perdido.
Nuestras tarifas se mantienen, pero ahora tenemos que dedicar mucho más tiempo a retocar las imágenes, y el coste y amortización de las cámaras ha cambiado mucho. Así que esta función es de gran ayuda.
¿Justificaría este argumento por sí solo apostar por el sistema Cuatro Tercios?
El tema de la limpieza es sólo una de las prestaciones fundamentales de estas cámaras. Las ópticas serían otra de las razones de peso.
Los objetivos Zuiko son buenos en general, y algunos modelos son sencillamente excepcionales. Están bien construidos y ajustados, el vidrio y sus componentes son de calidad... y dan una calidad óptica excelente. Alguno es incluso comparable al Biogon de Hasselblad.
En los primeros años, marcas como Zeiss o Rodestock construyeron ópticas especiales para [el formato] digital, y todos coincidimos en que era muy necesario. Pero, de repente, aquello se olvidó, y se instauró la idea de que todo valía y que se podían aprovechar los objetivos. Olympus, sin embargo, diseño unas ópticas pensadas para trabajar en digital.
Olympus remarca el tema de la resistencia del cuerpo. ¿Crees que este aspecto es crucial para una réflex de gama profesional?
Durante 15 años me ocupé del gabinete de fotografía del Ministerio de Cultura [de España], y desde el principio me dediqué a lo que conocemos como fotografía de patrimonio.
Consiste en la fotografía de recursos patrimoniales, arqueológicos, monumentales... e implica una gran variedad de temas y escenarios. Tan pronto estás trabajando en una excavación arqueológica, como estás con unas vidrieras en una catedral o reproduciendo grabados de la Biblioteca Nacional.
Esto conlleva tener que trabajar a veces en condiciones muy adversas. Los inventarios nacionales de arte rupestre, por ejemplo, te obligan a estar metido en cuevas. Tengo dos cuerpos de la E-1 que ya tienen unos cuantos años, muchas horas de trabajo y han resistido perfectamente.
El otro día estuve en un túnel de las obras del tren de alta velocidad, arrastrándome por el barro, y luego, al salir, sólo tuve que limpiarla con un trapo húmedo. Que el cuerpo sea tan robusto como el de la E-1 o el de la E-3 es muy importante.
¿Y qué destacarías de la nueva E-3 respecto a la E-1?
Llevo varios días con la E-3, y la verdad es que estoy encantado con ella. Pese a que -todo hay que decirlo- igual me gustaba más la asimetría de la cámara anterior, con la bayoneta menos centrada. Detalles al margen, aporta novedades muy interesantes, como la pantalla totalmente móvil.
También me gusta mucho, aunque no he tenido tiempo para probarlo a fondo, el estabilizador de imagen. Veo que es una cámara que está muy equilibrada en lo que se refiere a ruido, pero me ha sorprendido gratamente lo que los fotógrafos definimos como "acutancia". Ofrece resultados fotográficos en cuanto a definición, contraste, niveles...
El visor y el enfoque también han mejorado mucho. Incluso algún detalle que al principio no me gustaba mucho, como el flash integrado en el cuerpo, creo que ya empiezo a entender su utilidad.
¿El Live View pasa ya a un papel secundario?
No, al contrario. Lo que ocurre es que me he acostumbrado tanto con la E-330, que ya lo concibo como algo normal.
A veces tengo que montar la cámara en posiciones muy complicadas, tanto para fotografía arqueológica como industrial. El otro día, sin ir más lejos, tenía que fotografiar un dispositivo en el hueco de un ascensor. Ahí el Live View y la pantalla móvil te salvan. Y lo mismo ocurre con buena parte del trabajo de reproducción que hacemos sobre banco óptico vertical. Es perfecto.
Y no hay que olvidar el precio del conjunto. Muchos vivimos de la fotografía, así que es básico tener en cuenta la relación calidad-precio de la herramienta que utilizamos. Dentro del segmento profesional, tanto la E-1 en su momento como ahora la E-3 optimizan este criterio.
¿Y 10 megapíxeles serán suficientes?
Aunque, en teoría, esto podría plantearse como un problema, la verdad es que es bastante absurdo. Tengo libros publicados con la E-1 en el que aparecen fotografías a página completa y doble página. La verdad es que no necesito más de 10 megapíxeles para mi trabajo.
Dicen que lo mejor es enemigo de lo bueno. Hay que tener en cuenta el tema del tiempo y espacio que se requiere para mover y guardar todo ese volumen de información. Más en trabajos como el nuestro, en el que no se saca una foto al día, sino que lo habitual es tener que documentar algo con centenares de imágenes.
Lo que ocurre es que muchas veces se matan moscas a cañonazos. Entiendo que, para ciertas producciones, hace falta un respaldo. Pero para el 95% restante… ¿para qué más de 10 megapíxeles?
Esta entrevista forma parte de una campaña publicitaria de Olympus.
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